Hacer las cosas sencillas es un asunto complejo. Y queríamos compartir con ustedes algunos de los grandes principios de diseño que han llevado a hacer de Genius Loci el producto que es hoy.

Desde hace varios años, nuestro equipo trabaja en un objetivo sencillo pero ambicioso: permitir que cada persona redescubra los lugares que nos rodean a través de sus historias, apoyando al mismo tiempo la valorización cultural y turística a escala local, regional e incluso europea. Esas historias y anécdotas que merecen ser transmitidas. Así nació el proyecto Genius Loci. Códigos QR de acero inoxidable, para poner de relieve el patrimonio local.

Entonces, Genius Loci, ¿un simple QR?

No exactamente: nuestro proyecto, de hecho, ha sido galardonado con una Medalla de Oro en el Salón Internacional de las Invenciones de Ginebra en 2023, así como con un premio Venture de la ETH de Zúrich en 2024, en reconocimiento de su potencial de innovación cultural y tecnológica a escala europea.

Desde el principio, la idea era proponer un nuevo soporte de valorización del patrimonio sencillo y muy flexible y, sobre todo, accesible sin aplicación ni barreras tecnológicas: medallas de acero inoxidable, discretamente integradas en el espacio público, cada una provista de un código QR grabado.

Estas medallas están destinadas a fijarse en muros, árboles, bancos, estatuas o lugares de paso, y dan acceso a un contenido digital rico, a menudo escrito por habitantes o por personas apasionadas, a veces por expertos en valorización. Una vez escaneado el código QR, el usuario descubre una anécdota, un testimonio o una joya histórica vinculada al lugar. El contenido solo se revela en el sitio, según el principio de una búsqueda del tesoro, como una recompensa a la curiosidad.

¿Por qué este formato? Porque los paneles clásicos, aunque eficaces en ciertos contextos, plantean a menudo varias limitaciones. En primer lugar, su coste es elevado, lo que restringe su uso a unos pocos lugares considerados prioritarios, dejando a la gran mayoría de los sitios sin ningún dispositivo de mediación. Una especie de tierra de nadie cultural. Además, su fuerte presencia visual, a veces imponente, puede alterar la estética de ciertos lugares sensibles o patrimoniales. Por último, su contenido suele estar limitado por el espacio disponible, lo que conduce a mensajes muy genéricos, poco atractivos y rara vez actualizados.

Nuestro enfoque parte de esta constatación. En lugar de añadir nuevos paneles grandes o de intentar decirlo todo en todas partes, hemos elegido crear una red discreta, repartida por la ciudad, el pueblo o la región, que se cuela en los intersticios del espacio público. Estas medallas permiten poner en valor el «pequeño patrimonio»: ese banco cargado de historias, esa callejuela olvidada, ese detalle invisible para las miradas apresuradas. Son esos lugares los que conforman el alma de un territorio, y a los que queremos devolver una voz.

Nuestra ambición no es reemplazar los paneles clásicos, sino prolongarlos, crear una señalética paralela, sutil, distribuida, casi invisible. Y sin embargo, cuando se sabe reconocerla, ahí está. Revela los detalles, los márgenes, los secretos.

Genius Loci pro

Apuntar a la curiosidad, sin solicitar necesariamente a todo el mundo

Desde el principio tomamos una decisión clara: no buscar captar la atención de todos, sino hablar a quienes ya tienen esa afición por los lugares y sus historias. Son ellos quienes, la mayoría de las veces, se convierten en transmisores de la memoria. Quienes cuentan, quienes transmiten, quienes llevan a los demás consigo en el descubrimiento. Al llegar a este público, aunque solo represente un cierto porcentaje de los habitantes y visitantes de paso, apostamos por un efecto de difusión: porque son ellos quienes harán vivir y circular estos relatos entre las generaciones futuras.

¿Por qué una medalla en lugar de un gran panel cubierto de texto?

En psicología se habla de la «brecha informativa»: ese momento en que se siente que nos falta algo. Al leer en la medalla «Secretos de este lugar», traducido a 16 idiomas, el transeúnte atento percibe que se le escapa una información.

Hay algo importante AQUÍ. Detrás de este código QR

Y eso suele bastar para desencadenar el gesto de escanear. Ese gesto se convierte en un acto personal de descubrimiento, que implica mucho más que una simple lectura pasiva.

Lo que creamos no es un sistema de información, sino una experiencia. Discreta, voluntaria. A quienes les llega viven un momento de transmisión único. Los demás no se ven perturbados. Es nuestra manera de respetar la atención pública, hoy saturada.

Sabemos también que esa suave frustración –la de sentir que un lugar tiene algo que contar, sin que nada lo indique directamente– es un poderoso motor de atención. Ahí reside todo el interés de un enfoque mínimo: sugerir en lugar de explicar, abrir la puerta sin imponer el camino.

¿Está reservado a los geeks? ¿A los apasionados de la tecnología? – No lo creemos. Hoy todo el mundo lleva un teléfono en el bolsillo, y escanear un código QR se ha convertido en un gesto corriente para la mayoría de la población. Lo que no es corriente es encontrar una experiencia cualitativa, rica y profunda detrás de esta interfaz, por lo demás bastante low-tech y muy sencilla.

¿Y si la historia ya estuviera ahí, pero olvidada?

En cada municipio, por pequeño que sea, existe una memoria fácilmente disponible pero rara vez aprovechada. Archivos municipales, informes arqueológicos, documentos antiguos, relatos conservados en bibliotecas, a veces grupos privados de Facebook o bases de datos regionales o nacionales. Con demasiada frecuencia, estos recursos duermen en armarios o discos duros, lejos de la mirada del público.

Es una verdadera oportunidad perdida hoy: estos fragmentos de historia merecerían ser conocidos y compartidos, y no conservados únicamente para los investigadores o los archiveros. Genius Loci puede ser la herramienta que conecta estos conocimientos dormidos con sus habitantes y visitantes.

Nuestra experiencia demuestra también un profundo interés por parte de la prensa local y de los especialistas del patrimonio y los académicos, que ven en ello un medio de democratización que constituye un puente hacia los más jóvenes entre nosotros.

Detrás del diseño: una metodología y una reflexión en profundidad

Este proyecto se basa en una convicción: los métodos del diseño actual pueden servir a la transmisión de la historia local, para las generaciones venideras.

Hemos seguido un proceso de diseño riguroso, inspirado en las prácticas del diseño UX (user experience design):

  • Prototipado rápido: ya en 2022, utilizando nuestros conocimientos de diseño digital y metodologías como el «design sprint», concebimos maquetas interactivas, probamos los recorridos de usuario, validamos los primeros retornos de pruebas cualitativas. Largas entrevistas de aproximadamente una hora con testeadores representativos de nuestro público objetivo. Nuestras pruebas se llevaron a cabo en varios contextos: visitantes, trotamundos, apasionados del patrimonio, arqueólogos, expertos en mediación, diseñadores y expertos académicos…
  • Pruebas in situ: se colocaron medallas en diversos contextos: piedra, metal, madera, mobiliario urbano o vegetal. Observamos las reacciones espontáneas, la legibilidad del código QR, la altura de colocación, la compatibilidad con los gestos cotidianos. Esto nos permitió ajustar cada detalle, incluido el contraste del código, la textura del metal o incluso la formulación del mensaje. Algunas de las primeras pruebas se realizaron en colaboración con «la Salévienne», una sociedad de historia regional con 200 miembros y sede en la Alta Saboya.
  • Elección de materiales y durabilidad: el acero inoxidable 316L se impuso por su resistencia y su estética neutra. Resiste a la intemperie, al vandalismo, al olvido. También se llevaron a cabo pruebas sobre la corrosión natural y sobre el desgaste en distintos entornos (montaña, litoral, centro urbano).
  • Diálogo con los ABF y expertos conservadores: con motivo del Salón del Patrimonio en el Louvre y en varias ciudades de Suiza y Francia, presentamos nuestro enfoque a los Arquitectos de los Edificios. Su respuesta fue determinante para validar una colocación respetuosa, reversible, armoniosa. Se modelaron varios escenarios de integración, desde la colocación sobre elementos modernos existentes (postes, barreras) hasta una integración directa sobre la piedra con dos tornillos, cuando es posible y está controlada.

Este trabajo nos permitió crear un objeto que encuentra su lugar de forma natural en el entorno, sin forzar su presencia. Estas conversaciones también permitieron imaginar una placa trasera que permite la colocación sin tornillos sobre cualquier tipo de soporte vertical (barreras, farolas, rejas…)

Un objeto discreto, pensado para durar

Cada medalla es un compromiso entre invisibilidad y poder de evocación. Su formato (10 cm), su forma redonda, su grabado circular y multilingüe, su acero cepillado que capta la luz sin brillar: todo ha sido probado y elegido con cuidado.

El mensaje es deliberadamente mínimo: ni instrucciones de uso, ni storytelling en la superficie. El secreto está en el interior. Y para quien lo descubre, suele ser un pequeño impacto poético, una sorpresa, un vínculo nuevo con el lugar.

A diferencia de un código QR pegado en un panel, nuestra medalla encarna una intención. No señala simplemente una información, sugiere una presencia, un misterio. Y está concebida para durar: en su materia noble, pero también en su relación con el tiempo. Se puede pasar a su lado diez veces, y detenerse la undécima. Espera.

El diseño no está ahí para imponerse, sino para invitar. Y en esa invitación se juega todo un gesto de confianza hacia el transeúnte.

Además, al funcionar las medallas en red, encontrar una despierta las ganas de descubrirlas todas.

¿Y ahora qué? Una invitación a los responsables

Creemos que el futuro del patrimonio pasa por dispositivos arraigados en los usos actuales. Discretos, interactivos, humanos. Nuestras medallas ya están instaladas en numerosos municipios. Forman poco a poco una red, una malla de memorias, que cada cual puede explorar a su ritmo.

Como cargos electos o agentes públicos, tienen hoy la oportunidad de sumarse a esta dinámica. Ofrecer a habitantes y visitantes otra forma de leer el territorio. Hacer hablar a los muros, los árboles, las piedras. Hacer justicia a los lugares modestos tanto como a los grandes monumentos.

En un mundo saturado de señalética y de mensajes visibles, proponer un dispositivo deliberadamente discreto, «swiss design», es un gesto fuerte. Una elección de moderación, de finura.

La tecnología es sencilla. El coste está controlado. El impacto es duradero. Pero, sobre todo, la intención es justa.

Como responsables, ustedes son los garantes de esta transmisión. Hoy, una nueva generación de herramientas de la que Genius Loci es la encarnación les permite hacer revivir la historia de otra manera. Está en sus manos dar el paso.

Nuestro equipo está dispuesto a acompañar a todas las colectividades que deseen dar voz a su patrimonio, con respeto y elegancia.